Wednesday, May 23, 2007

BCN6

La terraza del tercero tercera... suelo naranja que necesitaba reposición, el largo cordel con ropa tendida siempre... la piscinita, la planta solitaria, la silla un poco rota y el cielo celeste, celeste claro. A lo lejos los techos y las cúpulas... la de la Catedral a la derecha y la del museo de zoología a la izquierda... amaneceres en velo... el sol reflejado en la ventanita del cristal azul... Empezar el día cansada... recordar la lejanía, palpar los recuerdos... desafiar al día con muchas ideas que quedaban en ideas. Luli en el caño de adelante, Nico en la sillita de atrás... Princesa cuesta arriba hasta Via Laietana... un zigzag entre algunas calles y allí el gran portal con su timbre, y su maestra y su patio y sus niños frescos como Luli, de amplias sonrisas y confianza entregada... pequeñas mochilas sobre los delantales cuadriculados... madres en chancletas, madres con botas, madres de rostros cubiertos, madres calladas, otras que hablaban, unas anónimas, otras amigas. Niños felices, sueños amontonados... Lucía encantada en su sitio, con su gente y su fuente mágica. Segunda parada... bajando Princesa doblando en Montcada... el antiguo palacio frente a Picasso... una guardería de piedras con siglos encima... mi garganta una piedra... Nicolás entre las monjas, las maestras, la colchoneta de la siesta.. la portera enojada... Nico siempre entraba tarde y se iba antes, o faltaba o se quedaba muchas horas... como parche del vacío de tías o abuelas. Tercera parada, el mercado de Santa Catalina... entraba por una puerta o por la otra, dependía de si mi humor daba para saludos o para pasar por desapercibida... cargar la verdura fresca, el pescado y demás. Luego la casa en silencio... abriendo ventanas, poniendo música y sacando trapos. La casa nunca impecable... tal vez por el espacio, tal vez por el cansancio, tal vez porque la ciudad daba hambre de recorrerla, talvez porque no necesitaba más que una pasada de trapo, los platos bien limpios, la ropa colgando, la comida esperando su olla y yo escribiendo a los que estaban lejos... hablando con los que estaban cerca... de vez en cuando trabajando, de vez en cuando empezando cosas, terminando otras. siempre buena compañía... familia necesaria aunque no de sangre, familia querida repartida entre las esquinas, los vecinos, las amigas del parque, las que eran del ambulatorio, otras que duraron un tiempo, otras que lo serán por siempre... los niños y el parque, las tardes de tierra, pasto y agua... la noche que llegaba entre las esquinas... y así pasaban los días, las tardes rodeadas de niños, de hogar tranquilo, de futuro indeciso, de silencios bien callados y de carcajadas sin disimulo. Esto de partir aún no se me ha fijado al cerebro... aún tengo la costumbre de usar medias agujereadas, de deambular sin saber hacia donde voy de sentir al mar en mis espaldas aunque ahora sólo hay rejas, otras rejas.

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